El síndrome del ovario poliquístico cambia de nombre: los médicos quieren dejar atrás décadas de confusión
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El síndrome del ovario poliquístico, una de las alteraciones hormonales más frecuentes en mujeres en edad reproductiva, acaba de experimentar el mayor cambio conceptual de las últimas décadas. A partir de ahora, la comunidad científica internacional propone dejar de llamarlo SOP para pasar a denominarlo síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).
Puede parecer un simple ajuste terminológico, pero detrás hay más de 14 años de debate científico, miles de pacientes consultadas y una conclusión clara: el antiguo nombre no describía correctamente la enfermedad y, según muchos expertos, ha contribuido durante años a retrasos diagnósticos, tratamientos incompletos y una comprensión limitada del problema.
La principal crítica al antiguo término es que inducía a error. Muchas mujeres diagnosticadas de SOP nunca desarrollan quistes ováricos reales. Y, al mismo tiempo, otras personas pueden presentar ovarios con apariencia poliquística sin padecer el síndrome.
Además, los especialistas recuerdan que lo que suele observarse en las ecografías no son quistes patológicos, sino folículos detenidos en su desarrollo. La diferencia médica es importante, pero durante años quedó diluida bajo un nombre que centraba toda la atención en los ovarios.
El nuevo término intenta reflejar algo que los endocrinólogos llevan tiempo defendiendo: se trata de una enfermedad multisistémica, con implicaciones hormonales, metabólicas, dermatológicas y cardiovasculares que van mucho más allá de la fertilidad o la menstruación.
Mucho más que un problema ginecológicoEl síndrome afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres en el mundo y está relacionado con síntomas muy diversos: reglas irregulares, acné, exceso de vello corporal, caída de cabello, infertilidad o aumento de peso. Pero los expertos advierten de que el componente menos visible es también el más preocupante.
La resistencia a la insulina aparece en un porcentaje muy elevado de pacientes y aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, hígado graso o apnea del sueño. También se han observado mayores tasas de ansiedad, depresión y problemas de salud mental asociados tanto a los síntomas físicos como al estigma social.
Precisamente por eso, el nuevo nombre incorpora la palabra “metabólico” y añade el término “poliendocrino”, para subrayar que intervienen múltiples alteraciones hormonales y no únicamente los ovarios.
Una enfermedad históricamente infradiagnosticadaUno de los argumentos más repetidos por los especialistas es que el antiguo enfoque reducía la enfermedad a una cuestión reproductiva. Eso provocaba que muchas pacientes tardaran años en recibir un diagnóstico correcto.
Algunas investigaciones estiman que hasta el 70% de los casos permanecen sin diagnosticar.
El problema afecta especialmente a adolescentes y mujeres jóvenes cuyos síntomas suelen atribuirse durante años a “desajustes hormonales normales”, estrés o cambios de peso. Cuando finalmente reciben atención especializada, muchas ya presentan alteraciones metabólicas importantes.
La nueva denominación pretende precisamente cambiar esa mirada clínica. La idea es que las pacientes no sean tratadas únicamente desde ginecología, sino también desde endocrinología, medicina interna o cardiología preventiva.
El impacto en la investigaciónEl cambio de nombre también tiene una dimensión científica y económica. Hasta ahora, gran parte de la investigación sobre SOP quedaba encuadrada en áreas de salud reproductiva, tradicionalmente menos financiadas que otras disciplinas médicas.
Al redefinir el trastorno como una enfermedad endocrina y metabólica, los investigadores esperan abrir nuevas vías de financiación relacionadas con diabetes, obesidad o salud cardiovascular.
La propia Endocrine Society, una de las organizaciones implicadas en el consenso internacional, sostiene que el cambio puede ayudar a desarrollar tratamientos más específicos y a mejorar la formación médica sobre una enfermedad que durante décadas se entendió de forma parcial.
¿Qué cambia ahora para las pacientes?De momento, ni los criterios diagnósticos ni los tratamientos cambian de forma inmediata. Los anticonceptivos hormonales, la metformina o las recomendaciones sobre alimentación y ejercicio seguirán formando parte del abordaje habitual.
Lo que sí cambia es el marco conceptual: los expertos quieren que el síndrome deje de percibirse como “un problema de ovarios” y empiece a abordarse como una enfermedad crónica compleja que puede acompañar a las pacientes durante toda su vida.
La transición, eso sí, será lenta. El término SOP lleva décadas instalado en consultas, guías clínicas y redes sociales, por lo que convivirá durante años con la nueva denominación. El consorcio internacional que ha impulsado el cambio prevé una implantación progresiva hasta 2028.
El Confidencial



